El Mercurio, Artes y Letras / Por Waldemar Sommer

MURO Y SÁBANAS

 

“Ni el realismo pictórico ni la instalación han perdido vigencia. Así lo demuestran las obras de Galería Animal y A.M.S Marlborough”. Si el realismo pictórico ya hace tiempo perdió prestigio en los medios artísticos, hoy día la instalación, rápidamente, tiende a perderlo. Dos exposiciones actuales nos demuestran, no obstante lo contrario. Mientras Aninat y Swinburn instalan el vacío dentro del espacio expositivo, la pintura de Maffei sabe obtener del realismo más tradicional bríos y bellezas inesperados. Sin duda hoy no suele ser bien mirada la pintura realista. Pareciera que ya nada tiene que decirnos. Con el género instalación está empezando a suceder algo semejante. El manoseo excesivo tiene la culpa. Es que de ambos, han abusado autores más o menos ineptos. Sin embargo, cuando el verdadero artista recurre al realismo o a la instalación, resulta capaz de obtener, a través es éstos, obras imperecederas. Dos exposiciones actuales lo demuestran en Santiago: Maffei, en Galería A.M.S Marlborough, y el dúo Aninat Swinburn, en Galería Animal. En la cercana Galería de Vitacura, la pintura de Ricardo Maffei sabe resucitar, impregnar de hermosura y vida el realismo ilusionista. Y eso dentro de un nivel de calidad que no conoce vacilaciones. Se parte, en la presente ocasión, de uno de sus habituales desnudos, aquí yacente sobre paños. Ostentan ellos cierta apariencia de marmórea lápida mortuoria. Alrededor de la mujer tendida se despliegan, enseguida, otros once pasteles sobre papel. Ahora se concretan en un único personaje: sabanas que, de extendidas, pasan a recogerse con naturalidad admirable. Llegan a sustituir con creces la protagonización humana, volviéndose inanimado cuerpo viviente encima de albos, de marfileños planos extendidos. Sus mil pliegues espontáneos, sus dobleces cuidadosos, los vínculos entre las telas acumuladas, las variaciones de la luz sobre sus superficies sedosas se transmiten con vitalidad plena al espectador. Si éste alcanza a sentir entre sus dedos la delicadeza y morbidez físicas de las sabanas, ante sus ojos vibran acordes cromáticos exquisitos. Alguna vez la conjunción de colores se torna inolvidable. En primer lugar, aquella construida con ocres, grises y el amarillo azapallado. Pero Maffei no se conforma con el verismo de sus actores principales. Incorpora junto a ellos sueltos manchados, algún furtivo rayado. Estos últimos se desarrollan sobre el fondo del cuadro que, de esa manera, adquiere condición de enigmático muro callejero.

Waldemar Sommer